Una de las fallas más serias al querer ayudar al drogadicto es la inhabilidad de comprender el verdadero significado del amor.
Ejemplo: la esposa tiene tanto derecho a decir “si me amaras no te drogarías”, como decir “si me amaras no tendrías tuberculosis”.
El amor no puede existir sin la dimensión de la justicia, el amor tiene que ir de la mano con la compasión.
La compasión se demuestra siendo comprensivo y compartiendo el sufrimiento de la persona querida.
Comprensión no significa sufrir por causa de las injusticias de una persona, pero familias tras familias, sufren una y otra vez por causa de las injusticias que sus adictos les imponen.
La droga es un anestésico, cuando el adicto la ingiere anestesia sus penas. Este es el placer y el escape que el drogadicto usa para aliviar su ansiedad, disgusto, tensión y resentimiento.
Cuando él se droga deja de sufrir, cuando menos por el momento, pero en cambio el sufrimiento, la tensión y la ansiedad de la familia crecen considerablemente una vez que el drogadicto deja de consumir.
Tiene pocos deseos de afrontar las consecuencias que ha dejado la droga. Entonces su remordimiento y el sentido de culpabilidad (sentimiento de culpa), lo obligan a postrarse ante la familia pidiendo perdón y prometiendo que jamás lo volverá a hacer, por el contrario rechaza rotundamente discutir lo sucedido, las dos reacciones persiguen el mismo fin, evadir las consecuencias de la droga.
Si el drogadicto obtiene éxito, ya sea por uno o por otro método su sufrimiento es evadido una vez más, la familia vuelve a pagar caro la consecuencia de su drogadicción.
“El amor se destruye”
Cuando el amor es someted a semejantes acciones con sus correspondientes acciones recíprocas, el drogadicto se droga para escapar de su sufrimiento y aprende a usar a su familia para escapar del sufrimiento de las consecuencias.
La familia sufre cuando él se droga y sufre también las dolorosas consecuencias.
Si sigue siendo la familia la que tiene que recibir todo el peso que deja la droga, la compasión deja de existir porque compasión es comprender y compartir el sufrimiento de otra persona no sufrir por la otra persona “el adicto no desea enfrentarse con sus propios sufrimientos”.
Si la familia permite que este estado de cosas se prolongue indefinidamente, el cariño se va destruyendo hasta ser reemplazado por el temor, el resentimiento y el odio.
La única forma (no hay otra), es que los miembros de la familia aprendan a no sufrir cuando se está drogando y rehusando a salvarlo de las consecuencias de sus huidas (fumadas). Cualquier otro método empleado no llena los requisitos de la verdadera compasión y cualquier relación privada de justicia y compasión no es amor.
El conocer la naturaleza exacta de este problema o enfermedad y valor para obrar de acuerdo con lo aprendido, es esencial para que el temor no reemplace al amor.
Desgraciadamente, son muchas las familias que sufren sin fin creyendo, equivocadamente, que de esta forma demuestran su amor hacia el drogadicto, el resultado trágico es que solo sirve para fomentar el proceso de la drogadicción y que el temor y el resentimiento se imponen al amor natural de la familia.
Es por esto que es necesario que la familia reciba la ayuda adecuada si es que la enfermedad ha de ser controlada y rehabilitación iniciada.
De otra manera la familia acaba por enfermarse emocionalmente. Este es un sistema más del progreso de la enfermedad.